6 dic 2013
9 nov 2013
13 sept 2013
26 mar 2013
Pero es que yo no puedo ser uno de esos tipos que andan siempre con el corazón en la mano. A mí me cuesta ser cariñoso, inclusive en la vida amorosa. Siempre doy menos de lo que tengo. Mi estilo de querer es ése, un poco reticente, reservado el máximo sólo para las grandes ocasiones. Quizá haya una razón y es que tengo la manía de los matices, de las gradaciones. De modo que si siempre estuviera expresando el máximo, ¿qué dejaría para esos momentos (hay cuatro o cinco en cada vida, en cada individuo) en que uno debe apelar al corazón en pleno? También siento un leve resquemor frente a lo cursi, y a mí lo cursi me parece justamente eso: andar siempre con el corazón en la mano. Al que llora todos los días, ¿qué le queda por hacer cuando le toque un gran dolor, un dolor para el cual sean necesarias las máximas defensas? Siempre puede matarse, pero eso, después de todo, no deja de ser una pobre solución. Quiero decir que es más bien imposible vivir en crisis permanente, fabricándose una impresionabilidad que lo sumerja a uno (una especie de baño diario) en pequeñas agonías.
21 mar 2013
7 mar 2013
24 mar 2012
Voy a contarle amigo que él no puede soportar
Estar mas de cuatro días con su gente sin fumar
Y que va a hacer si él es así
Si alguien lo juzga ya se puede arrepentir.
Tiene un bonito cuelgue con su vida y los demás
Pero sube la rabia cuando tiene que escuchar
Que no es así que debe ser
Que hay otra forma de empezar a envejecer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


